Colaboró Juan Carlos Pérez Herra – Politólogo y administrador de empresas

Hace cerca de un año, el escritor y ex economista Jefe del Citigroup, Willem Buiter, anticipaba en un artículo para el periódico británico Financial Times, medio especializado en noticias internacionales de negocios y economía, que sería muy doloroso pagar los costos ocasionados por la pandemia del Covid-19. Con ello se refería al inevitable aumento de los impuestos producto de la expansiva política fiscal y monetaria adoptada frente a la crisis por las economías avanzadas, en un entorno de marcado endeudamiento en dichos países.

Sin embargo, consciente del peso desigual y regresivo de esta medida en la población de esas sociedades, llamaba la atención ante el hecho de que nos encontrábamos en un punto de inflexión oportuno para revisar de forma radical los sistemas tributarios. Recomendando adoptar impuestos más progresivos a los ingresos, la riqueza y las herencias, retomando algunas ideas expuestas en 2013 por el economista francés Thomas Piketty, en su polémico libro “El Capital en el Siglo XXI”. Trabajo publicado a la luz de la desigual distribución de la riqueza como principal problema que estaba experimentando en ese entonces el mundo desarrollado.

Buiter nunca imaginó que tan solo doce meses después América Latina sería el escenario de lo previsto por él. Curiosamente, en esta oportunidad, la región parece romper con su tradición de llegar tarde a la historia y ha revivido la vieja idea de ser campo fértil de experimentos sociales. Recientemente el periódico español El País publicó un fabuloso artículo titulado “El dilema de Latinoamérica: subir impuestos o el abismo de la deuda”, con un extenso análisis del impacto del virus en el delicado equilibrio financiero que arrastra el bloque y de los actuales apuros de sus gobiernos para cubrir los faltantes presupuestarios.

En general los expertos consultados por El País coinciden en que sin reforma tributaria los países de América Latina verán mermadas sus posibilidades de afrontar los desajustes económicos, generando un incremento del riesgo soberano por sus cuantiosas deudas públicas, lo cual convertiría esos papeles en bonos basura. Para ello reseñan lo ocurrido en Colombia con la abortada reforma tributaria del presidente Iván Duque, el retraso de la materia en Brasil por la torpe conducción de Jair Bolsanaro, las evasivas declaraciones alrededor del asunto de López Obrador en México y el impuesto a cerca de 12,000 personas que declararon un patrimonio superior a dos millones de dólares, para combatir la infección, en la Argentina del peronista Alberto Fernández.

Este desafío es mayor ante el discurso contrario a los impuestos propio de la región, la más desigual del mundo y que, de acuerdo con el Boston Consulting Group, tiene la mayor proporción de riqueza en paraísos fiscales. Lo cual ha motivado a los especialistas en la materia a inclinarse por reformas mucho más progresivas. Ello sería posible por un entorno internacional más favorable y potenciado tanto por la llegada a la presidencia de los Estados Unidos del demócrata Joseph Biden, como por la nueva visión del Fondo Monetario Internacional expresada en la pasada reunión de primavera, sobre la necesaria contribución impositiva de las rentas más altas y las empresas más rentable para paliar los costos de la enfermedad. Permitiendo a los optimistas especular sobre un posible nuevo consenso en Washington.

Esta ola progresista en materia de reformas tributarias como mecanismo para equilibrar las finanzas públicas y enfrentar los costos de la pandemia, representan una oportunidad para Costa Rica. Especialmente de cara a las elecciones de febrero de 2022, donde los diferentes partidos políticos se muestran reacios, por su costo electoral, al apoyo de nuevos impuestos; llevando a pensar que el asunto le corresponderá a la próxima administración.

Sin duda, tarde o temprana, nuestro país tendrá que adoptar una posición sobre este tema, ya que su limitado espacial fiscal y el peso de la deuda pública son un lastre del cual es difícil escapar. Lo que recuerda el último libro de Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía y referente del Partido Demócrata, sobre los obstáculos que afrontan reformas de este signo para revitalizar la economía y fortalecer la democracia en tiempos turbulentos. Subrayando que lo difícil no es la dimensión económica del problema, sino las decisiones políticas.

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