El Hospital General de Massachusetts propone una lista de 15 nuevos pictogramas para mejorar la comunicación con los pacientes.

Imagen Ilustrativa

En septiembre, la revista Journal of the American Medical Association (JAMA) publicó una controvertida petición firmada por el doctor Shuhan He y su equipo del Hospital General de Massachusetts. En un extenso artículo, argumentaba la necesidad de disponer de nuevos emojis médicos: órganos, procedimientos diagnósticos y pruebas clínicas. Según él, el actual arsenal de emojis de nuestros teléfonos se les había quedado corto ante el auge de las consultas en remoto.

Decía el doctor He que gracias a los pictogramas se entendía mejor con sus pacientes a la hora de precisar síntomas y prescribir tratamientos. Especialmente cuando pertenecían a otras culturas, hablaban otras lenguas o no podían comunicarse verbalmente. “Si cada vez hay más actos médicos online, tiene sentido adoptar el lenguaje natural de los espacios digitales”, escribió.

Para que los emojis tengan valor universal deben ser adoptados por Unicode, un sistema que revisa que el pictograma en cuestión sea interpretado correctamente, por encima de los sesgos culturales. Por ejemplo, un trabajo publicado en septiembre de 2021 avisaba de que en algunos contextos el emoji del hígado podría ser confundido con el sillín de una bicicleta, mientras que la onda PQRS, la generada por los electrocardiogramas, solo sería reconocida sin dificultad en Occidente.

Hace solo 10 años, la antropóloga de la Universidad de California Mimi Ito decía que el encanto de los emojis residía en su indefinición. Y la imprecisión no es, justamente, un rasgo deseable en un diagnóstico clínico.

“Enviar un emoji es un modo de no quedarse callado, de establecer una copresencia virtual, una cercanía sin propósito específico. Como la sonrisa de un amigo desde el otro lado de la acera. No significa nada concreto, pero significa todo”.

Mimi Ito, Antropóloga Universidad de California

Para llegar hasta aquí —el emoji convertido en una herramienta de comunicación clínica—, estos pictogramas, nativos del universo de la cultura adolescente asiática, han tenido que recorrer un largo camino.

Los emojis pondrían algo de luz en la oblicua comunicación de los pacientes con sus médicos, una relación entorpecida tradicionalmente por la caligrafía imposible de muchos profesionales y por una jerga críptica con abundantes siglas que obliga a muchas personas a consultar sus dudas con Google.

Otros médicos como el doctor Bon Ku, director del Laboratorio de Diseño de Salud de la Universidad de Jefferson en Filadelfia, advierten de que el uso de los pictogramas podría ensanchar la brecha digital que excluye a los que tienen menos acceso a la tecnología, particularmente a las personas mayores. “Los emojis ya son parte del diálogo global generalizado, y con los emojis médicos todavía en su infancia se abre una oportunidad de incorporarlos, de modo accesible e incluyente, a la práctica clínica”, escribe en un ar­tículo en JAMA.

En 2016 la jeringuilla inau­guró el arsenal de los emojis médicos adoptados por Unicode. Desde entonces se han incorporado 45: sanitarios y sanitarias de todas las razas, sillas de ruedas, órganos, dispositivos e instrumental médico, e incluso la vara de Asclepio, símbolo griego de la medicina.

El equipo del Hospital General de Massachusetts ha hecho una lista de 15 nuevos que son, en su criterio, vitales para que fluya la comunicación con sus pacientes. Entre otros, piden un emoji de los intestinos, del estómago, de los pulmones y de los riñones, una bolsa de sangre, un electroencefalograma, un TAC y los glóbulos blancos. Hasta ahora, solo se les ha concedido el emoji de las muletas.

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